4th November 2025

Hoy no he dormido y siento mucho coraje 

Coraje porque desde 2018 las navidades significa estar atada a hacer algo que no quiero. Coraje porque llevo 6 años y medio con mi ahora mujer y nunca he podido celebrar unas navidades a solas con ella. Coraje porque la dependencia familiar que te obligan a tener es de las cosas más difíciles de superar. 
Desde hace muchos años siento la diferencia entre mi madre y mi padre, pero cada vez se hace más patente. Dos psicólogas en diferentes momentos de mi vida han llegado a decirme que debería dejar de tratar con mi padre. Una persona que puedo decir, por fin, que me maltrata psicológicamente. Que aquí entrarán las siempre condicionantes frases como "no lo hará queriendo" o "es así", pero es que estoy harta.

Estoy en un momento de mi vida en el que, después de 10 años, he sido capaz de no decir "hola" en el grupo donde nos encontramos él, mi hermano y yo. Un "hola" que tiende a significar "ha amanecido y sigo existiendo", más que un saludo de verdad. Este simple texto genera una dependencia que se percibe como "ha pasado algo" si alguien no saluda. Pero poco a poco, gracias a mi actual psicóloga, he conseguido ir saludando menos veces, o a distintas horas, cuando yo quiera.

La primera vez que no dije "hola" se fue a hablar, mejor dicho a despotricar, de mí a mi hermano. Me lo puso por un audio, tanto en privado como en el grupo de los tres. Y después fue capaz de decírmelo a la cara. Lo que hay que aguantar, esta presión familiar que pesa tantísimo por "es tu padre", es una carga que lastro desde que soy una niña y empecé a discutir con él por todo.

Hay tantísimas cosas que haría diferentes. Tantos malos tragos cuando era alcohólico. Todo eso ya da igual, ya pasó y no vale la pena removerlo.

Ahora sé lo que quiero. Quiero tener la voluntad y la fuerza que nunca he tenido para ir dejando de hacer las cosas que no quiero. Saludos que me producen ansiedad, mensajes de "audio sobre papá" que me crispan, dejar de tomar ansiolíticos cuando trato con esta persona.

Por primera vez en mis 35 años de vida, este año, soy capaz de empezar a enfrentarme a ello. No dejarme llevar por la corriente, la dependencia psicológica que se construye alrededor de tu madre y tu padre como su fueran dioses a los que complacer constantemente. "Se hacen mayores", "siempre han sido así" o simplemente por el hecho de que te criaron y dieron todo por ti y ahora te toca joderte en la vejez.

Todavía me queda mucho de lo que soltrar lastre. Muchísimos "y si", culpabilidad, malestar, ansiedad, nervios, estrés, preocupación... pero estoy a ello.

Poco a poco.